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“Las mujeres rurales hacemos frente a una enorme carga de trabajo”

El Día Internacional de las Mujeres Rurales, celebrado cada 15 de Octubre, fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2007 con el objetivo de reconocer «la función y contribución decisivas de la mujer rural, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural».

Uno de los lugares donde el Movimiento por la Paz -MPDL- realiza un mayor esfuerzo por garantizar los derechos de las mujeres rurales es en el Sahel, donde trabaja en Mali y Níger promoviendo cambios en el seno de las comunidades que conduzcan a una verdadera igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres.

Sin embargo, son todavía muchos los retos a los que las mujeres rurales se enfrentan. Sobre esos desafíos, los avances y las esperanzas de futuro de las mujeres de una zona rural de Mali charlamos con Missa Tounkara, presidenta de la asociación Niamalon de Seféto, en el Círculo de Kita.

¿Cómo es la vida de las mujeres rurales en un sitio como Seféto?

Una de las principales características de las mujeres rurales es la enorme carga de trabajo a la que debemos hacer frente. Nos levantamos a las 4:00 de la mañana y vamos a los perímetros hortícolas para regar las plantas y recoger las verduras maduras, mientras algunas mujeres van a recoger madera para hacer el fuego. Volvemos a casa sobre las 6:00 para preparar el desayuno e ir a recoger agua, en ocasiones a kilómetros de distancia. Después, nos dirigimos al mercado para vender las hortalizas y comprar otros condimentos necesarios. A las 10:00, tenemos que cocinar para preparar la comida y llevarla a los hombres que trabajan los campos, antes de ponernos a trabajar nuestros cultivos personales de cacahuete.

En el camino de vuelta, sobre las 17:00, paramos a recoger nuevamente leña para el fuego. Llegamos a casa sobre las 18:00 y hacemos la cena y otras labores en el hogar. Cuando todo va bien y acabamos pronto, la jornada finaliza a las 20:00.

Por supuesto, realizamos todos nuestros desplazamientos a pie. Y hay que decir que todas las actividades productivas que hacemos tienen como objetivo conseguir dinero para gastos familiares como los gastos en salud, escolarización, bodas, bautizos, etc.

¿Cuáles son vuestras principales necesidades?

A pesar de que hemos recibido numerosas ayudas de organizaciones como el Movimiento por la Paz, todavía tenemos grandes carencias, especialmente en términos de ayudas financieras para poder apoyar a las asociaciones femeninas en el lanzamiento de sus proyectos, para poder aumentar el número de perímetros y bancos de semillas hortícolas para las mujeres o la modernización de los sistemas de extracción del agua en los huertos: equipamiento de los pozos de gran diámetro, incremento de las capacidades de los castillos de agua, etc.

¿Participáis las mujeres en los asuntos políticos de la comunidad?

Gracias a las formaciones en liderazgo impartidas por el Movimiento por la Paz a las mujeres, hemos accedido a puestos públicos en las últimas elecciones. Desde ese momento, participamos de forma activa en las reuniones políticas de la comunidad. A estos efectos, en cada Comuna se han reservado cinco puestos para que sean ocupados por mujeres.

¿Qué papel podéis desempeñar las mujeres rurales en el desarrollo de la comunidad?

Las mujeres rurales somos una pieza clave en el desarrollo de nuestras comunidades, ya que aportamos en todos los ámbitos (pequeño comercio, agricultura, ganadería, trabajos domésticos, etc.) y nos hacemos cargo, a través de nuestro trabajo, de la mayoría de los gastos del hogar: alimentación, vestimenta, educación, salud y cuidados de nuestras hijas e hijos.

Solo el trabajo es garante de desarrollo.

¿Cómo ves el futuro? ¿Crees que es posible seguir avanzando hacia la igualdad entre mujeres y hombres?

Soy optimista porque estamos seguras de que el cambio es posible, y lo estamos demostrando. Especialmente ahora, con las políticas de descentralización de la educación y la sanidad, junto con el aumento del éxodo rural, hacen que muchos de nuestros jóvenes se mezclen con personas de otras culturas y cambien su mentalidad. Cada vez son más palpables los cambios de actitudes y comportamientos hacia las mujeres, sobre todo en lo que se refiere a la responsabilidad compartida sobre algunas tareas, cosa inimaginable hace 20 años.

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