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Este año, nuestra labor en Níger cuenta con un fuerte componente ambiental centrado en la recuperación y la valorización de la zona de intervención en 20 pueblos del sur de la región de Tahoua, por lo que diversas acciones que estamos llevando a cabo se centran en:

  • La identificación y recuperación de superficies de tierra no explotadas (glacis) pertenecientes a hogares en situación de mayor vulnerabilidad para la creación de explotaciones agrícolas.
  • Un programa de formación/sensibilización sobre cambio climático, gestión sostenible de recursos naturales y métodos de explotación adaptados al cambio climático.
  • La puesta en marcha de procesos y dispositivos de Regeneración Natural Asistida en el conjunto de las Comunas Rurales de la Zona de Intervención.
  • La formación de promoción y refuerzo de las capacidades locales en explotación forestal.
  • La formación de los hogares sobre la construcción y utilización de foyers améliorés para reducir la tala de leña para uso doméstico.
  • La implementación de CES/DRS para la conservación de la capa freática y la recuperación y valorización  de las tierras degradadas y en desuso.
  • Actividades de recuperación y conservación de las zonas pastorales.

Dentro de estas acciones, el Movimiento por la Paz -MPDL- está haciendo un gran esfuerzo por dotar de los medios para emprender explotaciones agrícolas familiares o colectivas a pequeña escala a las familias en situación de mayor vulnerabilidad socio-económica de los pueblos en los que intervenimos.

En 2019, prevemos:

  • Recuperar 177 hectáreas de tierras erosionadas para hacerlas plenamente cultivables por familias de bajos recursos.
  • Para ello, hemos sensibilizado a 108 propietarios de tierras para ceder una parte de sus tierras a familias sin recursos.
  • En total, 3.564 personas pertenecientes a familias en situación de mayor vulnerabilidad se beneficiarán de tierras cultivables para producir cereales y hortalizas.

De forma complementaria, las personas beneficiarias serán acompañadas con materiales agrícolas e itinerarios formativos con el objetivo de mejorar sus conocimientos en técnicas agrícolas de producción y lucha contra plagas y enfermedades. Y se realiza un acompañamiento permanente con formación y asesoramiento a 38 agrupaciones (20 de mujeres y 18 de jóvenes) de los pueblos de intervención para que se configuren como cooperativas agrícolas con el objetivo de comercializar una parte de la producción.

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Oumaimatou, Fana y Saoudé forman parte de la asociación de mujeres Na arziki del poblado de Doumbou, en Níger. Como en muchos otros pueblos del país, este tipo de agrupaciones constituyen el instrumento a través del cual las mujeres, tradicionalmente relegadas al desarrollo de tareas relacionadas con los cuidados, llevan a cabo proyectos colectivos de todo tipo. Hoy, Día Internacional de las Mujeres Rurales, reivindicamos su papel fundamental.

“Una de las actividades más importantes de nuestra asociación es la horticultura“, nos cuenta Oumaimatou, presidenta de la agrupación. “Disponemos de una parcela de media hectárea en la que cultivamos todo tipo de hortalizas que dedicamos tanto al autoconsumo como a la venta”.

Con una tasa de desnutrición aguda global del 42,2% de las y los menores de 5 años, en Níger la indisponibilidad de alimentos y la pobreza nutritiva de la dieta de la población en zonas rurales hacen que el 73% de los y las menores y el 46% de las mujeres jóvenes sean anémicas. “La producción de verduras nos permite diversificar la dieta de nuestras familias y prevenir casos de desnutrición. Además, las voluntarias nutricionistas del pueblo formadas por el Movimiento por la Paz -MPDL– nos enseñan a elaborar los alimentos para aprovechar de la mejor forma posible sus nutrientes”, comenta Fana, madre de cuatro hijos.

La motivación mostrada por Maimatou, Fana y Saoudé en la realización de las tareas hortícolas, así como por el conjunto de las mujeres de las asociaciones con las que trabajamos, es sinónimo de éxito. En 2017, la producción hortícola en nuestra zona de intervención superó los 375 kilos, y la tasa de desnutrición aguda severa descendió del 14,7% al 10,1%. “Gracias a nuestro trabajo, vemos resultados. Juntas somos capaces de mejorar la salud y el bienestar de las familias de nuestro pueblo, y eso nos hace sentirnos más fuertes dentro de la comunidad”.

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Sin duda, la agricultura constituye uno de los elementos fundamentales para fortalecer los niveles de resiliencia de las comunidades más vulnerables del Sahel. Hoy, más de 23 millones de personas de esta región sufren inseguridad alimentaria y, por ejemplo, en algunas regiones de Níger el 92% de los hogares no pueden cubrir sus necesidades alimenticias con su propia producción durante más de tres meses al año.

Frente a estos datos, cada vez más voces cuestionan la idoneidad de las políticas agrícolas y comerciales preponderantes a nivel global, basadas en un modelo agroindustrial destinado fundamentalmente a la producción de monocultivos destinados a la exportación, para atender las necesidades de los pequeños productores y contribuir a su empoderamiento.

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