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Oumaimatou, Fana y Saoudé forman parte de la asociación de mujeres Na arziki del poblado de Doumbou, en Níger. Como en muchos otros pueblos del país, este tipo de agrupaciones constituyen el instrumento a través del cual las mujeres, tradicionalmente relegadas al desarrollo de tareas relacionadas con los cuidados, llevan a cabo proyectos colectivos de todo tipo. Hoy, Día Internacional de las Mujeres Rurales, reivindicamos su papel fundamental.

“Una de las actividades más importantes de nuestra asociación es la horticultura“, nos cuenta Oumaimatou, presidenta de la agrupación. “Disponemos de una parcela de media hectárea en la que cultivamos todo tipo de hortalizas que dedicamos tanto al autoconsumo como a la venta”.

Con una tasa de desnutrición aguda global del 42,2% de las y los menores de 5 años, en Níger la indisponibilidad de alimentos y la pobreza nutritiva de la dieta de la población en zonas rurales hacen que el 73% de los y las menores y el 46% de las mujeres jóvenes sean anémicas. “La producción de verduras nos permite diversificar la dieta de nuestras familias y prevenir casos de desnutrición. Además, las voluntarias nutricionistas del pueblo formadas por el Movimiento por la Paz -MPDL– nos enseñan a elaborar los alimentos para aprovechar de la mejor forma posible sus nutrientes”, comenta Fana, madre de cuatro hijos.

La motivación mostrada por Maimatou, Fana y Saoudé en la realización de las tareas hortícolas, así como por el conjunto de las mujeres de las asociaciones con las que trabajamos, es sinónimo de éxito. En 2017, la producción hortícola en nuestra zona de intervención superó los 375 kilos, y la tasa de desnutrición aguda severa descendió del 14,7% al 10,1%. “Gracias a nuestro trabajo, vemos resultados. Juntas somos capaces de mejorar la salud y el bienestar de las familias de nuestro pueblo, y eso nos hace sentirnos más fuertes dentro de la comunidad”.

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A pesar de utilizar tan sólo el 25% de los recursos  – agua, suelo y combustibles -, las y los pequeños agricultores producen cerca del 70% de los alimentos necesarios para abastecer a toda la población mundial. Las mujeres constituyen la mayoría de los pequeños agricultores en el mundo, sin embargo, muy a menudo sufren unos asfixiantes niveles de discriminación.

Por pequeñas y pequeños agricultores nos referimos a aquellos cuyos terrenos cultivables no superan las dos hectáreas de superficie; sin embargo, en muchos países, como Kenia o Vietnam, la superficie media de las explotaciones agrícolas es aún más pequeña (0,86 y 0,63 hectáreas respectivamente). En los países en desarrollo, las pequeñas explotaciones representan un 85% de todas las explotaciones; en algunos países como Níger, más del 75% de los habitantes se dedican a la agricultura y una gran parte de ellos son pequeños agricultores.

Al contrario de lo que se suele pensar, las pequeñas explotaciones son más productivas que las grandes[i]. En primer lugar, esto es posible gracias a la diversidad de especies cultivadas en el mismo terreno: de esta manera, de la misma parcela se obtienen más productos alimenticios de distintas variedades que, además, proporcionan la alimentación más nutritiva para la población local.

A esto hay que añadir que la manera tradicional de cultivar es la mejor en términos de sostenibilidad. Gracias a la diversidad de especies, al uso de insumos agrícolas naturales y a la rotación de cultivos se conserva mucho mejor la riqueza del suelo, cuya pérdida es considerada uno de los grandes desafíos del mundo actual. Además, las pequeñas explotaciones utilizan menos agua, un recurso cada vez más escaso. Asimismo, se intenta garantizar los recursos para los cultivos futuros.

Las y los pequeños agricultores del Sur global se centran en la producción para el mercado local y, por tanto, son los que realmente luchan contra el hambre y la malnutrición en los países más afectados por estos problemas. En algunas regiones del mundo, son ellas y ellos quienes proporcionan casi la totalidad de los alimentos a la población; alimentos, además, mejor adaptados a la cultura y las necesidades. De esta forma, las y los pequeños agricultores son, de hecho, el fundamento para la seguridad alimentaria en los países en desarrollo.

Reconociendo el papel de la pequeña agricultura tanto en la promoción de la seguridad alimentaria en los países afectados por el cambio climático, por sequías o por hambrunas, como en la mitigación de los efectos del cambio climático, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) subraya cada vez más la necesidad de crear políticas que apoyen a las y los pequeños agricultores frente a la agroindustria dominada por grandes empresas. Algunas de las recomendaciones apuntan a la necesidad de generar inversiones en la pequeña agricultura a través de las investigaciones dedicadas a la mejora de la productividad; la facilitación del acceso a los microcréditos a los pequeños agricultores y, en particular, a las pequeñas agricultoras; y el apoyo a la conservación de la biodiversidad relacionada con la agricultura y la alimentación, así como la facilitación del acceso a los recursos genéticos de forma más equitativa.

Dentro de este contexto, las mujeres constituyen la mayoría de los pequeños agricultores en el mundo, sin embargo, muy a menudo sufren unos asfixiantes niveles de discriminación que se visibilizan, entre otras formas, en la falta de acceso a la propiedad de las tierras que cultivan, en el limitado acceso a recursos de todo tipo o en la incapacidad para gestionar las producciones conseguidas con su esfuerzo y trabajo.

En el marco del trabajo que el Movimiento por la Paz -MPDL- realiza en Níger, el apoyo a asociaciones de mujeres para aumentar sus capacidades de producción y comercialización agrícola es una parte esencial. A través de nuestros proyectos, fomentamos la disponibilidad y propiedad de tierras para las agrupaciones de mujeres; acondicionamos huertos y proporcionamos materiales e insumos agrícolas; proporcionamos formación en procesos de producción, transformación y conservación; y apoyamos y acompañamos el lanzamiento de cooperativas que comercializan de forma sostenible los productos en los mercados locales.

De esta manera, perseguimos un doble objetivo: por un lado, aumentar los niveles de disponibilidad alimentaria y de generación de ingresos de las familias más vulnerables; por otro, empoderar a las mujeres, de forma que participen en la gestión y la toma de decisiones tanto en el ámbito familiar como en el del conjunto de sus comunidades.

Y la fórmula funciona: según nuestros estudios en la zona de ejecución de los proyectos, en 2017 los ingresos de las asociaciones de mujeres por la venta de su producción hortícola aumentaron un 34,9% respecto al año 2015, momento de inicio del proyecto. Así, en 2017, la producción total de las 10 asociaciones de mujeres apoyadas por MPDL fue de 6,11 toneladas, de las que aproximadamente un tercio se destinó a la comercialización, generando aproximadamente 154,75 euros de beneficio neto por mujer.

[i] En Tanzania, el agricultor que cultiva 0,9 ha produce alimentos por valor de 780 dólares estadounidenses, mientras que el agricultor que cultiva 4,1 ha gana 281 dólares por cada una de hectáreas.

Fuente

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El agua, en cantidad y calidad suficiente para el uso y consumo humano, es un derecho fundamental al que millones de personas en el mundo no tienen acceso. Desde 2009, el Movimiento por la Paz – MPDL junto con Water for All han facilitado el acceso al agua potable a más de 100.000 personas de comunidades rurales de Mali y Níger mediante la construcción de puntos de agua potable y saneamiento.

Según datos de Naciones Unidas, más de 663 millones de personas en el mundo viven sin depósitos de agua seguros cerca de sus hogares y 1800 millones utilizan una fuente de agua contaminada con residuos fecales, una de las principales causas de enfermedades mortales como el paludismo, el cólera y otras enfermedades diarreicas. Estima, además, que en 2050 al menos un 25% de la población mundial vivirá en un país afectado por escasez crónica y reiterada de agua dulce.

 El área del Sahel es una de las zonas del planeta que más acusa la sequía y la falta de acceso a recursos hídricos. En Mali y Níger, al igual que en otros países subsaharianos, es uno de los problemas que en mayor medida afecta a la población, especialmente a las personas más vulnerables y en zonas rurales, lo que se traduce en problemas nutricionales y sanitarios.

Uno de los objetivos de nuestro trabajo en la zona es el abastecimiento de agua potable a la población y a infraestructuras sociales básicas como escuelas o centros de salud, así como la promoción de hábitos que incidan en mejores niveles de higiene y generen una disminución de enfermedades diarreicas.

Porque garantizar el abastecimiento de agua potable implica además garantizar el acceso a otros derechos básicos como son el derecho a la salud y el derecho a la alimentación. Desde 2009, el Movimiento por la Paz – MPDL junto con Water for All han facilitado el acceso al agua potable a más de 100.000 personas de comunidades rurales de Mali y Níger mediante la construcción de puntos de agua potable y saneamiento.

En un planeta donde la escasez de agua afecta a más del 40% de la población, el acceso a recursos hídricos de calidad es crucial para garantizar unas condiciones de vida dignas, como así ha sido recogido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible en su Objetivo 6: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos y todas.

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En Malí, la mutilación genital femenina es una práctica extendida y habitual: el 76% de las niñas de entre 0 y 14 años y el 91% de las mujeres de entre 15 y 49 han sufrido esta forma de extrema violencia contra las mujeres según datos del informe MICS 2015.

“La mutilación siempre ha sido un tema tabú en el pueblo, nadie quería oír hablar de ello”, explica Maréna. “Poco a poco creamos grupos de discusión para hablar abiertamente sobre las consecuencias de la excisión genital en la mujer, tanto en su salud en general como en su embarazo o el parto, y ver las posibilidades de abandonar la práctica. Hace más de dos años que no se realiza la excisión en el pueblo. Es una decisión firme que no tiene marcha atrás”.

En este país del Sahel, la situación de las mujeres es discriminatoria y desigual, como reflejan las altas cifras de matrimonio precoz entre niñas de 18 años o menos (más del 70%), y las consecuencias que provoca en sus derechos y sus vidas: abandono escolar, violencia de género, VIH y complicaciones derivadas del embarazo o el parto, entre otras. El 73,5% de las mujeres de la región de Kayes declara sufrir violencia física por parte de sus maridos o familiares y en medios rurales, predomina, además, la poligamia.

La sensibilización sobre la mutilación genital femenina, el matrimonio precoz y la planificación familiar son fundamentales para cambiar estas prácticas que violan los derechos humanos de millones de mujeres. “Gracias a la formación he comprendido bien los inconvenientes del matrimonio precoz y la mutilación genital femenina y las ventajas de la planificación familiar”, explica Konimba Traoré, líder religioso de Sefeto Norte. “En cuanto a la mutilación genital femenina, se trata de una práctica cultural ancestral, por tanto su abandono tendrá que ser algo que se haga poco a poco. Después de la formación somos más conscientes de esta problemática”.

El Movimiento por la Paz – MPDL trabaja el componente de derechos reproductivos y sexuales de las mujeres en Malí a través de alfabetización jurídica, talleres, cursos y debates se sensibiliza al conjunto de la población del Círculo de Kita y Diema. Líderes religiosos, excisoras, autoridades locales y personal de los centros de salud han participado en sensibilizaciones y formaciones en las que se abordaron las temáticas de mutilación genital femenina, matrimonio precoz y planificación familiar asentando las bases para la movilización comunitaria. “No todo el mundo tiene la misma capacidad para el cambio, para romper con las tradiciones. Pero con formaciones y sensibilizaciones de este tipo, los cambios llegarán, tenemos que compartir conocimientos y experiencias, para que esto sea posible”, añade Konimba.

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«Estoy conmovido por el hecho de que cada dos minutos y medio muere un niño a consecuencia de enfermedades ligadas con la práctica de la defecación al aire libre. Son muertes que pasan desapercibidas — no se cubren por los medios de comunicación, ni existe un debate público sobre este tema —. Rompamos el silencio» Vicesecretario General de la ONU, Jan Eliasson (mayo 2014)

Los líderes de la defecación al aire libre

Fuente: https://www.iagua.es/blogs/jorge-castaneda/dime-que-pais-vives-y-te-dire-donde-defecas

En 2015, en el mundo había 892 millones de personas que defecaban al aire libre, un fenómeno que tiene influencias negativas en la salud y la alimentación de las personas, y que además supone un riesgo añadido para las mujeres y niñas, vulnerables frente a agresiones sexuales cuando se alejan del pueblo para hacer sus necesidades.

Según los datos del Programa Conjunto de Monitoreo de Naciones Unidas, encargado de medir el progreso de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con el abastecimiento de agua y el saneamiento, en 2015 Níger era el tercer país del mundo con más población (73%) que practicaba la defecación al aire libre.

Dada la gravedad del problema, en 2016 el Movimiento por la Paz -MPDL- comenzó un proyecto con el fin de eliminar la defecación al aire libre en cinco comunidades nigerinas (Korop, Farsaoua, Doumbou, Yelwa y Zongo Yelwa) de la región de Tahoua, al sur de Níger. La iniciativa, enmarcada en un Convenio de fortalecimiento de la resiliencia de la población local financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), fue planificado siguiendo la metodología del Saneamiento Total Liderado por la Comunidad (SANTOLIC), cuyo objetivo es no sólo la construcción de letrinas, sino también la sensibilización de las comunidades sobre las consecuencias de la defecación al aire libre mediante la creación de un sentimiento de rechazo hacia dicha práctica, adoptando así una nueva norma social.

Creado inicialmente en Bangladesh por Kamal Kar y después introducido en África, el enfoque SANTOLIC se basa en la concienciación de las comunidades sobre los problemas (sanitarios, medioambientales, etc.) ligados a la defecación al aire libre, como forma de hacer que la propia población decida poner fin a esta práctica. A consecuencia de dicha decisión, son los propios habitantes quienes se responsabilizan de construir las letrinas, en tanto que indicador claro del nivel de apropiación del cambio de comportamiento por parte de la población. La implicación activa en el proyecto de las personas destinatarias del mismo representa un elemento muy valorable, ya que contribuye enormemente a crear un sentimiento de importancia y de aprecio hacia la propia comunidad, así como un mayor compromiso hacia las propuestas del programa.

Para desarrollar el proyecto utilizando la metodología SANTOLIC es necesario completar una serie de pasos, como recoger información sobre la cantidad de excrementos que se producen en la comunidad (por ejemplo a través de paseos colectivos por las zonas de defecación), preparar una cartografía de las áreas más sucias del pueblo y cuantificar los gastos dedicados al tratamiento de las enfermedades provocadas por esta práctica, entre otros.

La señora Habsou construyendo una letrina

En Farsaoua, la señora Habsou, cuyo marido emigró en busca de trabajo, construye una letrina para ella y sus hijos.

A través de estas acciones, se busca despertar en el seno de la comunidad un sentimiento de asco y vergüenza sobre la defecación al aire libre. En ese momento, una vez la comunidad ha reconocido y entendido el problema, es cuando se produce la llamada “activación”. Es decir, cuando los miembros de la comunidad toman la decisión de erradicar la defecación al aire libre y, para ello se toman una serie de medidas, siendo una de las fundamentales la construcción de letrinas en las casas y espacios colectivos.

De esta manera, en el marco del proyecto del Movimiento por la Paz, llevado a cabo en estrecha coordinación con los líderes tradicionales y religiosos de los pueblos seleccionados, durante los últimos meses se ha obtenido el compromiso de un número elevado de personas decididas a parar la defecación al aire libre.

Líder de la comunidad de Zongo Yelwa

El líder de la comunidad de Zongo Yelwa durante una reunión de sensibilización comunitaria sobre la defecación al aire libre.

Según las palabras del líder de Zongo Yelwa, “la iniciativa de SANTOLIC que se ha llevado a cabo en nuestra comunidad es una cosa increíblemente buena para los habitantes. Durante mucho tiempo habíamos ignorado las consecuencias de la defecación al aire libre para la salud. Antes del proyecto, en nuestro pueblo había ocho letrinas para unos 1.000 habitantes. Ahora, gracias a la sensibilización, 81 familias se han comprometido a construir una letrina”.

De esta manera, las 164 familias -966 habitantes- que viven en la localidad de Zongo Yelwa disponen a día de hoy de 85 letrinas construidas en las 63 casas que componen el pueblo (algunas viviendas son compartidas por dos familias y, por tanto, disponen de más de una letrina), de manera que todas ellas cuentan con al menos un espacio adecuado donde hacer sus necesidades.

El balance completo de los resultados conseguidos en el marco del proyecto aparece desglosado en el siguiente cuadro:

Cuadro letrinas

El objetivo último del enfoque SANTOLIC es lograr que los pueblos en su conjunto abandonen la práctica de forma duradera y sostenible. Para verificar el nivel de consolidación del cambio en el comportamiento de la comunidad, existe un sistema homologado de seguimiento y revisión del uso de las letrinas -que además deben estar equipadas con dispositivos de lavado de manos- por parte del conjunto de los habitantes.

Ceremonia de certificación en Korop

En la ceremonia de certificación, el líder tradicional de Korop recibe su diploma de manos del Responsable del MPDL en Níger.

Cuando se corrobora, un año después de la activación, la sostenibilidad de la defecación en las letrinas en una comunidad determinada, dicho pueblo recibe un diploma que le certifica como libre de defecación al aire libre.

La entrega del diploma se realiza durante una ceremonia en la que toman parte todos los habitantes y a la que asisten autoridades locales y regionales. Además, en la entrada a la comunidad se instala un letrero con la información sobre el logro conseguido por la misma. Todo ello contribuye a consolidar el cambio en el comportamiento colectivo y a dotar al conjunto de la comunidad de un importante sentido del orgullo por el cumplimiento de sus objetivos.

En el caso del proyecto ejecutado por el Movimiento por la Paz, los cinco pueblos de intervención han sido certificados como comunidades libres de defecación al aire libre.

Más información Día Mundial del Retrete 2016 | Informe del Programa Conjunto de Monitoreo 2015 | Enfoque SANTOLIC – Manual (.pdf) | ¿Qué es la metodología SANTOLIC?

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Cada 22 de marzo desde 1993 se celebra el Día Mundial del Agua. Un recurso esencial para la vida de las comunidades del Sahel pero que al que todavía hoy millones de personas no tienen acceso.

Este año, la conmemoración del Día Mundial del Agua tiene como tema principal las aguas residuales y la importancia de su tratamiento y reutilización en diferentes sectores como la agricultura, la industria, o las actividades domésticas.

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Los datos son extremadamente reveladores: hoy, el 80% de las personas hambrientas del mundo vive en ámbitos rurales, y de ellas el 72% se dedica a la agricultura. Sin embargo, en las pequeñas explotaciones agrícolas se produce cerca del 70% de los alimentos que se consumen a nivel global. En este contexto, ¿qué papel puede jugar la denominada agricultura familiar para erradicar el hambre en el mundo y, al mismo tiempo, sacar de la pobreza a millones de pequeños agricultores?

Para numerosos actores locales e internacionales (ONG, uniones de agricultores, organismos internacionales, etc.), el rol de la agricultura familiar es crucial. Porque, según ellos, en un contexto global de rápido crecimiento demográfico y creciente presión sobre los ecosistemas, las potencialidades de las pequeñas explotaciones agrarias constituyen un elemento esencial para hacer frente a los tres mayores retos a los que se enfrenta el planeta: alimentar a su población, preservar su biodiversidad y ecosistemas, y generar empleo y fuentes de riqueza para el conjunto de las personas que lo habitan.

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La ganadería pastoril y agropastoril (o pastoreo) es un sistema de producción basado en una ganadería extensiva que valoriza mayoritariamente los pastizales naturales. Este sistema, utilizado por comunidades que viven en contextos a menudo marginales, está asociado con un estilo de vida basado en un vínculo especial entre el hombre, el animal y la naturaleza.

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Sin duda, la agricultura constituye uno de los elementos fundamentales para fortalecer los niveles de resiliencia de las comunidades más vulnerables del Sahel. Hoy, más de 23 millones de personas de esta región sufren inseguridad alimentaria y, por ejemplo, en algunas regiones de Níger el 92% de los hogares no pueden cubrir sus necesidades alimenticias con su propia producción durante más de tres meses al año.

Frente a estos datos, cada vez más voces cuestionan la idoneidad de las políticas agrícolas y comerciales preponderantes a nivel global, basadas en un modelo agroindustrial destinado fundamentalmente a la producción de monocultivos destinados a la exportación, para atender las necesidades de los pequeños productores y contribuir a su empoderamiento.

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Fatoumata Diarisso y su pequeña Mariam, de dos años y medio de edad, juegan tranquilamente sobre la cama de su habitación mientras esperan la llegada de la Doctora Konate, responsable de la Unidad de Recuperación y Educación Nutricional Intensiva (URENI).

Acaban de llegar al Centro de Salud de Diéma, localidad de unos 30.000 habitantes, después de que a Mariam le diagnosticaran malnutrición aguda severa en una sesión de diagnóstico comunitario en su pueblo. Durante los próximos días, madre e hija permanecerán en la URENI, donde el equipo médico se encargará de la recuperación nutricional de la niña y de la formación de la madre en cuestiones alimentarias y sanitarias para asegurar la correcta evolución de su hija.

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