Exemple

A pesar de utilizar tan sólo el 25% de los recursos  – agua, suelo y combustibles -, las y los pequeños agricultores producen cerca del 70% de los alimentos necesarios para abastecer a toda la población mundial. Las mujeres constituyen la mayoría de los pequeños agricultores en el mundo, sin embargo, muy a menudo sufren unos asfixiantes niveles de discriminación.

Por pequeñas y pequeños agricultores nos referimos a aquellos cuyos terrenos cultivables no superan las dos hectáreas de superficie; sin embargo, en muchos países, como Kenia o Vietnam, la superficie media de las explotaciones agrícolas es aún más pequeña (0,86 y 0,63 hectáreas respectivamente). En los países en desarrollo, las pequeñas explotaciones representan un 85% de todas las explotaciones; en algunos países como Níger, más del 75% de los habitantes se dedican a la agricultura y una gran parte de ellos son pequeños agricultores.

Al contrario de lo que se suele pensar, las pequeñas explotaciones son más productivas que las grandes[i]. En primer lugar, esto es posible gracias a la diversidad de especies cultivadas en el mismo terreno: de esta manera, de la misma parcela se obtienen más productos alimenticios de distintas variedades que, además, proporcionan la alimentación más nutritiva para la población local.

A esto hay que añadir que la manera tradicional de cultivar es la mejor en términos de sostenibilidad. Gracias a la diversidad de especies, al uso de insumos agrícolas naturales y a la rotación de cultivos se conserva mucho mejor la riqueza del suelo, cuya pérdida es considerada uno de los grandes desafíos del mundo actual. Además, las pequeñas explotaciones utilizan menos agua, un recurso cada vez más escaso. Asimismo, se intenta garantizar los recursos para los cultivos futuros.

Las y los pequeños agricultores del Sur global se centran en la producción para el mercado local y, por tanto, son los que realmente luchan contra el hambre y la malnutrición en los países más afectados por estos problemas. En algunas regiones del mundo, son ellas y ellos quienes proporcionan casi la totalidad de los alimentos a la población; alimentos, además, mejor adaptados a la cultura y las necesidades. De esta forma, las y los pequeños agricultores son, de hecho, el fundamento para la seguridad alimentaria en los países en desarrollo.

Reconociendo el papel de la pequeña agricultura tanto en la promoción de la seguridad alimentaria en los países afectados por el cambio climático, por sequías o por hambrunas, como en la mitigación de los efectos del cambio climático, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) subraya cada vez más la necesidad de crear políticas que apoyen a las y los pequeños agricultores frente a la agroindustria dominada por grandes empresas. Algunas de las recomendaciones apuntan a la necesidad de generar inversiones en la pequeña agricultura a través de las investigaciones dedicadas a la mejora de la productividad; la facilitación del acceso a los microcréditos a los pequeños agricultores y, en particular, a las pequeñas agricultoras; y el apoyo a la conservación de la biodiversidad relacionada con la agricultura y la alimentación, así como la facilitación del acceso a los recursos genéticos de forma más equitativa.

Dentro de este contexto, las mujeres constituyen la mayoría de los pequeños agricultores en el mundo, sin embargo, muy a menudo sufren unos asfixiantes niveles de discriminación que se visibilizan, entre otras formas, en la falta de acceso a la propiedad de las tierras que cultivan, en el limitado acceso a recursos de todo tipo o en la incapacidad para gestionar las producciones conseguidas con su esfuerzo y trabajo.

En el marco del trabajo que el Movimiento por la Paz -MPDL- realiza en Níger, el apoyo a asociaciones de mujeres para aumentar sus capacidades de producción y comercialización agrícola es una parte esencial. A través de nuestros proyectos, fomentamos la disponibilidad y propiedad de tierras para las agrupaciones de mujeres; acondicionamos huertos y proporcionamos materiales e insumos agrícolas; proporcionamos formación en procesos de producción, transformación y conservación; y apoyamos y acompañamos el lanzamiento de cooperativas que comercializan de forma sostenible los productos en los mercados locales.

De esta manera, perseguimos un doble objetivo: por un lado, aumentar los niveles de disponibilidad alimentaria y de generación de ingresos de las familias más vulnerables; por otro, empoderar a las mujeres, de forma que participen en la gestión y la toma de decisiones tanto en el ámbito familiar como en el del conjunto de sus comunidades.

Y la fórmula funciona: según nuestros estudios en la zona de ejecución de los proyectos, en 2017 los ingresos de las asociaciones de mujeres por la venta de su producción hortícola aumentaron un 34,9% respecto al año 2015, momento de inicio del proyecto. Así, en 2017, la producción total de las 10 asociaciones de mujeres apoyadas por MPDL fue de 6,11 toneladas, de las que aproximadamente un tercio se destinó a la comercialización, generando aproximadamente 154,75 euros de beneficio neto por mujer.

[i] En Tanzania, el agricultor que cultiva 0,9 ha produce alimentos por valor de 780 dólares estadounidenses, mientras que el agricultor que cultiva 4,1 ha gana 281 dólares por cada una de hectáreas.

Fuente

Facebook Twitter Google LinkedIn Pinterest Email